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Airbnb, dormir en cualquier lugar del mundo una noche a través de las redes sociales

el Sáb Dic 21, 2013 10:24 am
Curiosa iniciativa en expansión:

Érase una vez dos americanos que alquilaron un colchón de su casa...

Los protagonistas de esta historia son un par de ciudadanos americanos que, un día, tuvieron la idea de alquilar un colchón de su casa. Una vivienda situada en la ciudad de San Francisco. Se llaman Brian Chesky y Joe Gebbia. Su historia no solo comienza como si se tratara de un cuento sino que, por ahora, tiene pinta de tener un final feliz. La iniciativa que comenzó con el alquiler, en su propia casa, de un sitio para dormir se ha convertido en una referencia de los nuevos modelos de negocio que se construyen alrededor de las redes sociales. En realidad se trata negocios de toda la vida que están consolidando un nuevo sistema que los economistas llaman “economía de consumo colaborativa” o “social business”. En el caso que nos ocupa, del alquiler de un colchón para una noche, se ha pasado a la gestión de un sitio para dormir, en las principales ciudades del mundo, para 150.000 viajeros al día. Algo así como buscar, cada noche, hospedaje para todos los habitantes de Salamanca. El invento que comenzó con el alquiler de un colchón se llama Airbnb y hoy ofrece más de medio millón de propiedades privadas en las que poder pasar una (o varias noches) en 33.000 ciudades de 192 países.

El huésped número 1, el que se quedó en el colchón de la casa de San Francisco de Brian y Joe, ha quedado realmente muy atrás. Desde aquel entonces, Airbnb ha gestionado alojamiento a más de 8,5 millones de viajeros. Pero, la diferencia con el primer alquiler no es sólo numérica. El cambio de mayor relevancia está en la variedad de la oferta. Si el primer huésped, el del colchón, quisiera repetir la experiencia, podría elegir entre todo un universo de posibilidades. Casas, apartamentos, cuevas, castillos, yurtas (tiendas utilizadas por los nómadas en Asia), molinos, faros, iglús o cabañas construidas en un árbol. Aquí no acaba la cosa. También existe la opción de hospedarse en islas privadas o en un barco. Eso sí, en este último caso, los amantes de la navegación lo tienen complicado ya que pueden elegir entre una oferta que es siete veces el tamaño de la Armada Española: más de 1.400 embarcaciones.

Podríamos pensar que este es una iniciativa que funciona en otros mercados. Que en España no sería un modelo de consumo viable. Los números nos dicen que, nada más lejos de la realidad. En España Airbnb ofrece más de 40.000 espacios privados donde poder alojarse. La Costa Brava, Mallorca y Córdoba son las tres ciudades más acogedoras de nuestro país, según el índice de hospitalidad creado por la propia Airbnb. Mallorca también destaca por estar entre las 10 ciudades más acogedoras de Europa. Un ranking que lideran Zürich, Frankfurt y Oporto. Este tema de la hospitalidad es uno de los elementos clave del éxito de Airbnb. Hay que tener en cuenta que, el intercambio entre el propietario del espacio y quien lo va a ocupar, se basa en una ley de mercado donde lo que prima es la confianza.



La confianza es un elemento común a todos los negocios de la economía colaborativa. En este modelo, las personas y sus experiencias tienen mayor importancia que el producto y el precio. De ahí que lo relevante para el comprador no es poseer la propiedad de un objeto sino disfrutarlo cuando lo necesite. En el caso de Airbnb este elemento les da una ventaja competitiva frente a las fórmulas tradicionales como el alquiler de una habitación en un hotel o un apartamento. Estos últimos no pueden ofrecer el servicio altamente personalizado que ofrece Airbnb. Un servicio que desarrollan a través de la promoción del propietario del espacio a quien ellos denominan como “el anfitrión”.

Esta red social de intercambio de espacio cuenta con 350.000 anfitriones activos. Y la cifra aumenta. Sin duda, la posibilidad de conseguir, gracias al social business, unos ingresos extras en estos tiempos de crisis ayuda. Cada día se dan de alta una media de 1.000 nuevos anfitriones. Para garantizar la calidad de la experiencia que ofrecen los anfitriones, Airbnb dispone de unos estándares mínimos que organizan en función de los tres momentos clave de la estancia del “huésped”. El primero de ellos es el previo a la llegada. Aquí lo importante es mantener una comunicación rápida, fluida y actualizada. Luego vienen los preparativos. En este caso lo importante es garantizar que la primera impresión del espacio sea acogedora y confortable. Por último está el momento de la llegada donde se ha de poner especial atención a la interacción entre propietario y huésped. No se trata solo de darle la bienvenida, también de darle apoyo durante el viaje en el caso del propietario y realizar una evaluación por parte del huésped. Las experiencias de huéspedes y anfitriones se comparten en la plataforma. Esto permite construir comunidades territoriales organizadas como barrios o ciudades. Ahora mismo hay activos 300 grupos o comunidades territoriales donde participan 10.000 anfitriones que comparten las historias y experiencias que han vivido en el intercambio.





Dada la naturaleza de este intercambio, uno de los aspectos que cuida Airbnb es su accesibilidad a través de dispositivos móviles. En este caso ofrece una singularidad de gran utilidad práctica: el “Discover feed” (últimos descubrimientos). Esta opción muestra las propiedades destacadas por su singularidad arquitectónica o por su historia, Porque, para añadirle una pizca más de emoción al tema de “reservar un colchón para dormir”, los huéspedes pueden elegir lugares que tienen su propia  historia. Por ejemplo, si van a Berlín pueden hospedarse en el apartamento donde vivió Angela Merkel en su época de estudiante. Si este espacio le parece muy austero, lo puede cambiar por el ático donde suele dormir Ashton Kutcher cuando visita esta ciudad. No es el único sitio donde Kutcher se ha hospedado vía Airbnb. También lo ha hecho en Nueva York, Italia... No es nada extraño que Kutcher utilice Airbnb para alquilar un sitio donde hospedarse cuando viaja ya que es uno de los principales inversores de esta plataforma.

En mi caso, esto de quedarme a dormir en un lugar donde haya estado el ex de Demi Moore no es algo que me llame la atención pero, como me quedan unos días de vacaciones, he de confesarles que no he podido resistir la tentación de curiosear los sitios que ofrecen los anfitriones de Airbnb. En esas estaba cuando me he tropezado con un lugar de ensueño. Se llama “Casa Caracol”. Está en Isla Mujeres (México). Tiene dos dormitorios. La estancia mínima es de dos noches, a 168 euros el día. Eduardo y Raquel son los anfitriones y cuentan que, hospedarse en su casa, es lo más parecido a estar en el paraíso. Detalles como poner música “suave” en la piscina privada me confirman que estos anfitriones saben bien de lo que hablan. Las fotos de la vivienda ayudan a consolidar esta impresión. La historia también.



Cuenta Eduardo, arquitecto de profesión,  que el mismo construyó la casa allá por 1994. Como su hermano Octavio les visitaba con frecuencia, añadieron una casa adicional a la residencia principal. El resto de la historia la pueden consultar en la ficha que tienen publicada. Entiendo que lo suyo sería ir para allá y que me contaran todo esto mientras disfrutamos de un atardecer. Pero, como lo de Isla Mujeres queda algo lejos, creo que tendré que descartar esta experiencia. Al final, lo mismo acabo durmiendo en un colchón en la casa de mis vecinos. Procuraré espabilarme y no dejar el tema de vivir esta experiencia para más adelante. Como sucede con la práctica totalidad de las iniciativas de consumo colaborativo, estos negocios se enfrentan a poderosos detractores. En este caso, a los grupos hoteleros. Por lo pronto, un juez de Nueva York ha declarado ilegal este sistema de alquiler. En otros casos, como Barcelona y Rio de Janeiro, han llegado a acuerdos amistosos. Aún así, todo apunta a que la economía colaborativa nos regalará mas historias como estas que, esperemos, tengan un final feliz.

La web : https://www.airbnb.es/
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